Comentario bibliográfico

Condorcet 1793

Algunos aspectos de su autor – “El último ilustrado”

Algunos aspectos biográficos del citado autor han sido expuestos en la Tribuna Logosófica número 6, pág. 35, de marzo de 2007, como apartado del comentario de otra de sus obras: “Cinco memorias sobre instrucción pública”. Procuraremos aquí, trasmitir aspectos complementarios a aquéllos, para no ser repetitivos.

“A pesar de ser uno de los Ilustrados que mejor da el tipo, el último de ellos, el único que vivió la Revolución, en la que tomó parte tan activa, siendo su guía y su víctima, Condorcet necesita presentación.”

Jean  Antoine Marie Nicolas Caritat, Marqués de Condorcet, científico, filósofo y político de la segunda mitad de siglo XVIII es “legítimamente la síntesis del pensamiento francés de su siglo.Principios e ideas que bullen en la época de manera no siempre conexa y a las que rara vez se les había extraído todas sus posibilidades, convergen en Condorcet y en él adquieren coherencia. Condorcet los recoge, desarrolla, los hermana y extrapola, los conjuga y supera, ofreciendo una cosmovisión integral e integradora, serena aunque polémica, de todo o casi todo lo que había dado de sí su siglo hasta 1794, año en que muere nuestro autor.

Hace más: proyecta todos esos conocimientos y doctrinas hacia el futuro en una refrescante y optimista prospección en la que parece, en ocasiones, que estamos leyendo una revista científica de doscientos años más tarde.”1 (Palabras de Antonio Torres de Moral en el “Estudio preliminar” a la edición hecha del libro de Condorcet “Bosquejo de un cuadro histórico de los progresos del espíritu humano”)

Nace Condorcet el 17 de septiembre de 1743 en una familia aristocrática, recibe toda su instrucción inicial de colegios jesuitas, por lo que vive en carne propia los dogmas y sus efectos que combatiría más tarde con firmeza y entereza. Descollando tempranamente en las matemáticas se ganó la amistad de D’Alambert.

A los 25 años es elegido miembro de la Academia de Ciencias y más tarde lo sería también de las de Berlín, Turín, Bolonia, San Petersburgo y Filadelfia. Entró en contacto con los filósofos Condillac, Diderot, Voltaire, Helvecio y Turgot entre otros. Tradujo al francés la obra de Adam Smith “La riqueza de las naciones” y trabó amistad con el filósofo y guía intelectual de la revolución Americana, Thomas Paine. Su esposa, con la que se casó a los 43 años contando ella con 22, culta y activa, también tradujo otras obras de Smith al mismo tiempo que traducía las memorias y los discursos de Paine.

Trabajó de muy joven en la Enciclopedia redactando artículos sobre matemáticas, redactó casi en solitario el Proyecto de Constitución, las Memorias sobre Instrucción Pública y el Proyecto de Instrucción Pública, al tiempo que participó activamente en la política de la Revolución, siendo uno de sus principales guías intelectuales, publicó y tradujo libros de otros autores, fundó diarios y escribió en muchos, publicó panfletos anónimos, en fin, un enorme volumen de producción intelectual y moral difícil de resumir sin menospreciar, y cuyos efectos en el curso de la historia seguramente no comprendemos.

Su asombroso nivel de conocimientos le valió que Voltaire le llamara “filósofo universal”, al tiempo que es descrito por D’Alambert como “un volcán cubierto de nieve”. Esto está de acuerdo con lo que comenta Mademoiselle de Lespinasse, quien ha dejado un admirativo retrato del Ilustrado, según sus palabras: “Esta alma sosegada y moderada en el curso ordinario de la vida, se convierte en ardiente y fogosa cuando se trata de defender a los oprimidos o de defender lo que aún le es más querido: la libertad de los hombres y la virtud de los desgraciados: entonces su celo llega hasta la pasión…”

Comentarios sobre el libro

Notas generales

El libro que aludimos es escrito durante el tiempo en que Condorcet se refugiaba de la orden de apresamiento  que le valió el discrepar con los nuevos dueños de la situación (los Jacobinos).
“El Bosquejo” es solamente la introducción a una obra de extensiones asombrosas que Condorcet planeaba escribir; los manuscritos contienen notas al margen que sumadas todas cuadriplican la extensión del mismo.

Divide en nueve etapas el acontecer histórico de la evolución del espíritu humano, desde su más rudimentaria infancia hasta el momento histórico del cual él es partícipe y artífice, y agrega una décima etapa en la que realiza un sorprendente esboce del desarrollo futuro de la evolución del espíritu humano.

Primera época – Los hombres se reúnen en población

Discurre sobre las primeras agrupaciones familiares por disposición natural del ser humano, así como la gradual formación del lenguaje, de los primeros utensilios y de las primeras rústicas manifestaciones de las artes. Sorprende al situar aquí, en las raíces mismas de la infancia del ser humano, el origen de una tendencia cuyos daños a la evolución espiritual es muy difícil proyectar y comprender:

“En ella pueden observarse los primeros signos de una institución que ha tenido sobre los progresos del espíritu humano las influencias más opuestas…”  Y prosigue:

“Me refiero a esta separación de la especie humana en dos clases: una destinada a enseñar, y la otra hecha para creer… una que pretende elevarse por encima de la razón, y otra que renuncia humildemente a la suya…” (Cita de Condorcet del libro: Bosquejos …)

Segunda época – Los pueblos pastores, paso de ese estado al de los pueblos agricultores

Sitúa aquí el surgimiento de las nociones de la propiedad, de las reglas de la herencia familiar y de la “dulcificación” de las tareas debido a los progresos de la agricultura.

Sopesa los aspectos positivos antedichos al surgimiento de la esclavitud y de cultos más regulares, basados en sistemas de creencias y temores, así como las primeras nociones de la realeza, siendo las familias más adineradas quienes comenzaron a ostentar el poder y trasmitirlo hereditariamente.

Tercera época – Progresos de los pueblos agricultores hasta la invención de la escritura alfabética

Dicha época es vista por Condorcet con cierta complejidad: la organización social y política se tecnifica un tanto, aparecen el despotismo y el feudalismo y la casta sacerdotal guarda las esencias del orden establecido:  surgen “las primeras familias de charlatanes y brujos, pero emplearon más arte para seducir a unos espíritus menos groseros”, y añade más adelante “Tuvieron dos doctrinas: una para ellos solos y otra para el pueblo.

Muchas veces, incluso, como se dividían en varios órdenes, cada uno de ellos se reservó algunos misterios. Todos los órdenes inferiores eran, a la vez, bribones y víctimas, y el sistema de hipocresía no se reveló plenamente más que a los ojos de algunos adeptos.”
Luego de hablar sobre los progresos de la escritura jeroglífica hasta la invención de la escritura alfabética en Asia, Condorcet entra en la etapa en que ese conocimiento fue llevado a Grecia, donde encontraría su mejor cuna…

Cuarta época – Progresos del espíritu humano en Grecia hasta el tiempo de la división de las ciencias, hacia el siglo de Alejandro

Condorcet asigna a los griegos el mérito de ser los impulsores de un salto cualitativo en la evolución humana que abriría todos los caminos hacia las verdades en todas las áreas del conocimiento humano, desde las matemáticas, pasando por las físicas, la política, la astronomía, la filosofía, el arte en todas sus manifestaciones, la metafísica, en fin, casi todas…

Reconoce a numerosos filósofos y a sus escuelas como grandes colosos de la razón y de los progresos del espíritu humano. A esta época de esplendor de la razón, le sigue, tristemente, una decadencia milenaria que solo será revertida hacia la novena etapa.

Quinta época – Progresos de las ciencias desde su división hasta su decadencia

A partir de esta época, la mayoría de las escuelas, filósofos y sectas se concretaron en algunas de las partes en que la ciencia se fue dividiendo. La época de la división precedió al tiempo en que Grecia, después de largas tempestades, iba a perder su libertad.

Condorcet pasa aquí a una relativamente extensa explicación de “un acontecimiento que cambió el destino de una gran parte del mundo”, refiriéndose a la hegemonía romana y a la decadencia de la razón bajo su yugo, así como a la consolidación posterior del cristianismo y su ascenso a las esferas más altas del poder romano.

“El desprecio de las ciencias humanas era uno de los principales caracteres del cristianismo… Así, el triunfo del cristianismo fue la señal de la total decadencia, tanto de las ciencias como de la filosofía.” (Cita de Condorcet del libro bajo análisis.)

Sexta época – decadencia de las luces hasta su restauración, hacia el tiempo de las Cruzadas

“En este desastroso período veremos como el espíritu humano desciende rápidamente de la altura a que se había elevado, y cómo la ignorancia trae consigo, aquí la ferocidad, en otras partes una crueldad refinada, y por doquier la corrupción y la perfidia…”

Séptima época – Desde los primeros progresos de las ciencias, con su restauración en Occidente, hasta la invención de la imprenta

En esta etapa las ciencias sociales y las artes progresan con el espíritu libertario y con el libre examen del que se hace  creciente uso, aunque cauteloso, en Europa.

“En principio, no se conoció a Aristóteles más que por una traducción hecha del árabe, y su filosofía, perseguida en los primeros tiempos, reinó muy pronto en todas las escuelas. No llevó luz, pero dio más regularidad, más método a ese arte de la argumentación que las disputas teológicas habían producido.

Aquella escolástica no conducía al descubrimiento de la verdad; ni siquiera servía para discutirla, para abordar debidamente sus pruebas, pero agudizaba los espíritus; y ese gusto por las distinciones sutiles, esa necesidad de descomponer incesantemente las ideas, de captar sus fugaces matices, de representarla con palabras nuevas; todo ese aparato empleado para enredar al enemigo en la disputa o para librarse de sus celadas fue el primer origen de ese análisis filosófico, que después ha sido la fuente fecunda de nuestros progresos.”

Octava época – Desde la invención de la imprenta hasta el tiempo en que las ciencias y la filosofía sacudieron el yugo de la autoridad

En esta época la reforma protestante comienza a propiciar algunos rudimentos  de libre examen, al menos dentro de ciertos límites, “la cadena no se había roto, pero era más larga y menos pesada”.

Los librepensadores comienzan a romper con los prejuicios, la ciencia y la filosofía comienzan a experimentar un avance a pasos no vistos por muchos siglos en las manos de numerosos ilustrados como Bacon, Copérnico, Galileo y Descartes entre otros muchos, avance a duras penas contenido por el clero, que aún dominaba las Universidades.

Novena época – Desde Descartes hasta la formación de la República Francesa

“Nos queda por recorrer la época en que [la humanidad] acabe de romperlas [las cadenas], en que, obligada a ir arrastrando todavía los restos, se libera de ellas poco a poco; en que, libre al fin, ya nada puede detenerla…”

Sydney, Locke, Rousseau, Stewart, Smith, Leibnitz, Kepler, Newton, Huyghens, D’Alembert, Collins, Bolingbroke, Bayle, Fontenelle, Voltaire, Montesquieu, Howard, Turgot, Price y Priestley, otros tantos europeos y americanos, hasta el mismísimo Condorcet (quien obvia, seguramente por modestia, presentar todos sus logros y aportes)…

Es el incontenible triunfo de la razón, de la tolerancia, y los derechos del hombre…

Décima época – De los futuros progresos del espíritu humano

Apoyándose en la evolución histórica del espíritu humano, dedica Condorcet a esta época futura, la mayor cantidad de páginas en un tono verdaderamente profético y optimista, en el que se aventura a predecir un sinnúmero de avances que fueron conquistados décadas o siglos más tarde y que en muchos casos están aún por suceder.

Siendo “el perfeccionamiento real del hombre” su mayor esperanza y una realidad que se esmera en demostrar posible de realizar sin ningún límite, explica y fundamenta las prerrogativas evolutivas ilimitadas aún con las capacidades humanas de entonces, a las que luego, como estocada final a su demostración, agrega la perfectibilidad aún biológica del ser humano, lo que extendería sus capacidades aún más.

Y levanta las miras un paso más, hacia el mundo mental, al plantear la posibilidad de perfeccionar las “facultades intelectuales y morales” del ser humano, realidad en vías de firme realización desde hace muchas décadas por innumerables investigadores de Logosofía abocados a la realización del proceso de evolución consciente preconizado por dicha disciplina.

En las palabras de Antonio Torres de Moral: “Con un bello párrafo final, Condorcet se sitúa históricamente, y de modo definitivo, muy por encima de sus propios perseguidores, en cuyas cárceles falleció, a los que entiende como un mero paso atrás en la no siempre sosegada historia de los progresos del espíritu humano” (siguen palabras de Condorcet):

“Y este cuadro de la especie humana, liberada de todas esas cadenas, sustraída al imperio del azar, así como al de los enemigos de sus progresos, y avanzando con paso firme y seguro por la ruta de la verdad, de la virtud y de la felicidad, presenta al filósofo un espectáculo que le consuela de los errores, de los crímenes, de las injusticias que aún ensucian la tierra, y de los que el hombre es muchas veces víctima.

Es con la contemplación de ese cuadro como recibe el premio de sus esfuerzos por los progresos de la razón y por la defensa de la libertad.  Entonces se atreve a unirlos a la cadena eterna de los destinos humanos y es ahí donde encuentra la verdadera recompensa de la virtud, el placer de haber hecho un bien duradero, que la fatalidad ya no destruirá con una neutralización funesta restableciendo los prejuicios y la esclavitud.

Esta contemplación es para él un refugio, en el que no puede alcanzarle el recuerdo de sus perseguidores; en el que, viviendo en su pensamiento con el hombre restablecido en los derechos y en la dignidad de su naturaleza, olvida al que la codicia, el temor o la envidia que la corrompen; es ahí donde verdaderamente existe con sus semejantes, es un Elíseo que su razón ha sabido crearse y que su amor por la humanidad embellece con los más puros goces.”