Pensemos unos minutos sobre las posturas ateas que niegan terminantemente la existencia de al menos un mundo más allá del físico conocido sin tener para demostrar esta posición, evidencias de ningún tipo (diferente es no afirmarlo, nos referimos a la negación terminante). Podemos citar innumerables científicos de las castas más brillantes como Da Vinci, Newton y Einstein, que comprometidos con la ciencia en todos sus aspectos, no tenían este tipo de posicionamientos dogmáticos materialistas. Eso sí, dejaron claro, en palabras y en hechos, su compromiso con el camino la razón y la experimentación que, claro está, se encuentra reñido con actitudes dogmáticas de cualquier tipo.

Es relativamente común escuchar por parte de quienes mantienen el tipo de posiciones aludidas con anterioridad, que lo único que existe en el Universo es la realidad física; aspectos humanos como el afecto y el amor, no son, para estas concepciones, otra cosa que la manifestación de sensaciones producidas por diferentes niveles de concentración de químicos en nuestra sangre y su influencia en el cerebro. Lo interesante de esta afirmación es la cantidad innumerable de implicancias que tiene. Es sorprendente ver como se vierten opiniones y se sostienen diversos planteos sobre este tema sin detenerse a considerar las implicancias de las mismas, implicancias que son contradichas casi inevitablemente por las conductas de quienes las sostienen.

En el supuesto caso que el Universo sea de naturaleza exclusivamente material, toda la conducta humana seria el producto de reacciones físicas y químicas que se producirían en el cerebro, el cuerpo y en el entorno de las personas.

Lo que estamos diciendo es que todo el comportamiento de los seres estaría inexorablemente atado a leyes físicas. De modo que cuando se cometa un crimen por ejemplo, habría pasado porque los procesos físicos y químicos que se dieron en esa persona y en su entorno, conspiraron para que esto así sucediera. El juicio legal al que sería sometido también sería parte de una reacción química y física inevitable, e inclusive el autor de estas líneas solamente sería un sistema condenado a escribir estas palabras por los procesos químicos y físicos que se han dado en él y su entorno a lo largo del tiempo y nada podría hacerse para evitar escribir lo que escribiré en las próximas líneas…

En efecto, la libertad de pensar no existiría, ni la de decidir, ni la conciencia misma sería una realidad; todo esto sería simplemente una sensación vacía de contenido, una ilusión que tendríamos debido a procesos químicos y físicos que se producen en nuestro interior y en nuestro entorno.

De modo que si partimos de la base que el ser humano puede pensar y es libre para hacerlo, estamos sistemáticamente diciendo que existe un mundo más allá del mundo físico tal cual se lo entiende corrientemente que es de importancia esencial en su conducta, es decir, que existe un mundo diferente al conocido que no está completamente atado al mismo. Por lo que podríamos decir que el ser es libre y por ende existe un mundo más allá del físico tal cual se lo entiende, o en caso contrario, la conciencia es una mera ilusión creada por reacciones químicas en nuestro cerebro y no somos más que materia condenada a hacer lo que los procesos y las leyes que la rigen, determinan. Claro está, que todo esto implica que conceptos como el bien y el mal, pierden sentido; también pierde sentido el la justicia, el afecto, la gentileza, el romanticismo, la filosofía, la verdad y el engaño. Nada de eso tendría valor alguno. La humanidad, paradójicamente, sería solo una reacción físico-química en progreso… Por eso cuando alguien sostiene con vehemencia una posición dogmática materialista, pregunto casi sistemáticamente, si está dispuesto entonces, a abandonar la idea de que puede pensar y decidir…