En una ocasión tuvimos la oportunidad de ir al festejo de cumpleaños de un niño en esos lugares que ofrecen “todo resuelto” (comida, bebida, limpieza del lugar, ambientación, sorpresitas y entretenimientos para los niños). Refiriéndose a dicho lugar, la mamá nos decía: “¡Está buenísimo! Te olvidas de los niños; los cuidan, les dan de comer y los entretienen.”

Frente a esto nos preguntamos: ¿queremos  olvidarnos de nuestro hijo justo el día de su cumpleaños, estar tranquilos, descansar  y conversar con amistades?

Cuando decidimos traer un hijo al mundo pensamos en darle lo mejor que tenemos, nuestro tiempo y afecto. Además aspiramos que esas nuevas generaciones sean promotoras de cambios en la sociedad. Contrariamente a eso, apenas nace, en forma consciente o inconsciente influimos su carácter para que se adapte al mundo al que llegó. Entonces nos preguntamos: ¿cómo va a colaborar en cambiarlo entonces?

Podremos renunciar a muchas cosas en nuestra vida pero nunca podríamos tomarnos vacaciones en la trascendente y noble tarea de la formación de nuestros hijos. La maternidad o paternidad  implica un compromiso  irrenunciable que no se puede delegar a terceros. Es un deber que asumimos con felicidad y que, además, nos da la oportunidad de superarnos como seres humanos, de templar nuestro carácter, cultivar la paciencia, administrar mejor nuestro tiempo, entre otras muchas cosas. A veces, hasta hacemos por nuestros hijos lo que no hubiésemos hecho por nosotros mismos: modificamos hábitos, lenguaje, actitudes, etc., porque sabemos que es una forma de docencia práctica que se espeja en el ejemplo.

Volviendo al tema específico de los cumpleaños en esos lugares, es de sencilla verificación que se muestra solo una forma de festejar o de divertirse en sentido general. La música muy alta que no permite  la comunicación, los juegos de computadora o electrónicos de diversa especie, de pelota en una cancha de uno por tres metros, títeres y actividades que casi siempre invitan al niño a gritar y a bailar de una forma descontrolada. Y por último la piñata, otra tradición para analizar: ¿canaliza energías o  más bien las transforma en competencia violenta? Si observamos con atención esta situación, siempre hay algún niño que se aleja por cortedad, por temor a que lo empujen o le peguen.

Es una realidad que actualmente las horas de trabajo son mucho más extensas y mucha gente vive en apartamentos con espacios muy reducidos, lo que lleva a buscar un lugar donde festejar el cumpleaños de un hijo. Consideramos que algunos aspectos físicos de la conmemoración, como la selección de la música que se va escuchar, las películas que ven, los juegos y la forma de orientar los mismos no se pueden delegar a terceros porque pueden influir negativamente en la psicología del niño.

Cuando hacemos estas reflexiones buscando otras posibilidades más naturales, muchas veces nos dicen: “Eso es lo que a ellos les gusta” o “Es lo que hay, lo que se usa”. Frente a esto nos preguntamos ¿estamos seguros de esto, o es, más bien, la única forma de divertirse que les mostramos y ellos irremediablemente se adaptan a ella?

La psicología del niño está configurada por una mente, una sensibilidad y un instinto. Ese tipo de diversión a la que aludimos, en nuestra opinión, va dirigida a la exaltación de lo instintivo, a la descarga y fuga de energías de forma descontrolada, dejando al niño en un estado de nerviosismo, de excitación, que puede llegar a tener consecuencias negativas en su físico y lo que es más importante, afectar su mente y sensibilidad. Muchas veces ,luego de estas experiencias es más difícil lograr que el niño se duerma y vuelva a la calma y en ocasiones, se pueden provocar dificultades para dormir profundo. También es frecuente que se observe una mayor tendencia a la desobediencia y dificultad en que cumplan los diarios hábitos naturales.

Por supuesto que no podemos quedarnos en la crítica de lo existente hasta el momento, sino proponer nuevas formas de actuar, de festejar, de divertirse, promoviendo que el niño disfrute en un estado de alegría sana y serena.  Esto puede implicar a veces más trabajo para los padres, particularmente  el que debe realizarse para analizar, discernir y pensar.

Es fundamental preparar al niño para cualquier experiencia que vaya a vivir.  En este caso, explicándole el significado de su cumpleaños para él y para los demás. Ese día es muy especial para sus padres y otras personas que lo quieren, porque se recuerda el día en que nació y los cambios que ha logrado hasta entonces. También es un momento oportuno para conversar sobre el objetivo de esa fiesta que es jugar y disfrutar con sus amigos y familiares que lo quieren mucho. De esta forma se propicia la participación sensible del niño en el evento, disfrutando más y de forma natural la experiencia.

Es importante, de ser posible, que el niño participe en la organización de la fiesta y conozca el lugar con anterioridad,  sintiéndose así actor y no espectador de la misma. De esta forma se ubica en la posición de anfitrión, de  dar a los otros y no solo de recibir, cultivando la generosidad y gratitud a todo lo que se le brinda ese día. Por otra parte, saber las actividades que se van a realizar y prever los imprevistos que pudiesen surgir  harán que nada lo sorprenda negativamente, afectando su estado de ánimo.

Un recurso interesante es decirle que así como se prepara físicamente para el evento descansando antes del mismo, bañándose y vistiéndose con ropa adecuada a la ocasión, también debe preparace mental y sensiblemente, llevando en su mente y corazón lo mejor que tiene: disposición para jugar, para compartir, para agradecer, atención, alegría y serenidad.

Los estímulos que recibe el niño son fundamentales en la formación de su modalidad y carácter por lo que hay que procurar que la mayoría de éstos sean naturales y positivos, que lo lleven a conectarse con su mundo interno, con sus sentimientos, virtudes y con la realidad. De ahí la responsabilidad del adulto en seleccionar los  ambientes que él frecuenta, elegir la música que se considera adecuada, seleccionar las películas que ve, crear juegos que estimulen la atención, la razón, el trabajo en equipo, la destreza física, etc., permitiendo un ambiente de alegría y serenidad a la vez. No siempre lo que es común es necesariamente natural ni en muchos casos lo mejor.

Esto no quiere decir que el niño viva en una especie de “burbuja” aislado del mundo exterior. Se trata de que comprenda lo nocivo de algunos ambientes, juegos, programas de televisión, música, y diversos tipos de estímulos para su psicología, mostrándole otras realidades positivas y propiciando que las viva y disfrute.

Este proceder como padres, lo tenemos bien claro en el cuidado de su alimentación, al seguir el consejo de los pediatras que nos orientan a comenzar con las papillas de fruta, luego la verdura y así paulatinamente se van agregando otros alimentos, y hasta seguramente hemos escuchado a muchas madres que dicen evitar los “snacks”, los dulces y las bebidas cola, sabiendo que “algún día los va a conocer” y mientras ese momento llega se fortalecen otros hábitos alimenticios más adecuados. ¿Por qué entonces no cuidar también su “alimentación” psicológica resguardándolos de determinadas imágenes y ambientes poco adecuados?

Otro aspecto   educativo, además de la preparación del niño ante las experiencias a vivir,  es el análisis posterior de las mismas.  Fomentando que se observe a sí mismo y que exprese cómo se sintió, cómo fue su conducta, qué cosas buenas hizo, qué recuerdos tiene, en qué estado lo dejó tal juego o tal ambiente, si cometió algún error, cómo evitaría repetirlo y si vivió un momento feliz cómo hacer para reproducirlo y recordarlo.

La niñez es una etapa trascendente y decisiva en la formación moral, psicológica y espiritual de un ser humano. ¿Quién no se conmueve ante  una manifestación de cariño de un niño, una reflexión inteligente  o su alegría y asombro cuando descubre algo? Todos estos estados, gestos y palabras muestran su inocencia y pureza de sentir y pensar. Y ante éstas, los adultos decimos: “que no la pierda”, pero sin embargo, luego , tal vez sin darnos cuenta, no advertimos que pueden estar recibiendo imágenes, palabras y ambientes que la destruyen o la debilitan. Entonces cuidémosla, preservémosla y tratemos, como adultos, de recuperar esa pureza de pensar y sentir, descubriendo y eliminando de nuestra mente prejuicios, creencias y deficiencias que la endurecen, cultivando nuestra sensibilidad en su estado más puro.