Aportes de la Logosofía

Introducción

¿Que es el razonamiento?

El razonamiento desde la concepción logosófica

  • Configuración psicológica: las facultades mentales
  • Los pensamientos
  • La función consciente
  • La facultad de razonar

La razón y los obstáculos de su desenvolvimiento

Algunos recursos logosóficos para estimular el razonamiento y otros procesos intelectivos

  • El valor del ejemplo
  • La facultad de razonar y la sensibilidad
  • La orientación y explicación
  • El relato y la analogía
  • El arte de responder
  • El arte de preguntar: la pregunta y la repregunta
  • Comentarios finales

Introducción

Este título surge como un extracto del trabajo final que se realizara con el fin de obtener la titularidad de la Licenciatura en Psicopedagogía el cual tuvo como propósito realizar una recopilación bibliográfica acerca de  las diferentes concepciones sobre el razonamiento y las diversas líneas de acción que guíen la intervención psicopedagógica en dicha área.

A grandes rasgos, la psicopedagogía contribuye en forma interdisciplinaria al abordaje de los procesos de aprendizaje y problemas vinculados a éste desde una perspectiva preventiva. El razonamiento está íntimamente relacionado con dichos procesos por lo que merece un estudio profundo y una búsqueda de estrategias para su estimulación.

¿Qué es el razonamiento?

El razonamiento ha sido históricamente abordado por múltiples áreas del conocimiento, como ser la  neurobiología, psicología, epistemología, filosofía y didáctica de las matemáticas entre otras. Como estos estudios se refieren en general al  razonamiento matemático, nos propusimos encontrar en la literatura corriente, un concepto más amplio sobre el tema (si es que acaso existe) que abarque además, otras áreas del conocimiento curricular, la resolución de problemas en general y la toma de decisiones en la vida cotidiana.

Según la Real Academia Española, el razonamiento se define como la “Acción y efecto de razonar. Serie de conceptos encaminados a demostrar algo o a persuadir o a mover a oyentes o lectores”.  Expresa que razonar es: “Discurrir, ordenando ideas en la mente para llegar a una conclusión.”, siendo que discurrir, de acuerdo a la misma fuente es: “Inferir, conjeturar”.

La Dra. Antonieta Rebollo, neuropediatra uruguaya, plantea que el razonamiento es considerado en la actualidad como una función ejecutiva. Se lo define como una función cognitiva de orden superior como lo son la planificación con un fin, la creatividad, la toma de decisiones,  la conducta social, entre otras. Estas diferentes funciones hacen posible que el ser humano tenga una respuesta adecuada y flexible a las características y requerimientos del ambiente.  Estas funciones dependen del funcionamiento de la región prefrontal del lóbulo frontal del cerebro, que es el lugar donde se elabora el nivel más alto de las funciones cognitivas, ya que se accede al nivel conceptual y al más alto de la afectividad.

Santamaría, profesor y  psicólogo español,  considera al razonamiento como una de las capacidades más destacadas del ser humano, exclusiva de él. Este autor lo define como un conjunto de operaciones cognitivas de muy distinto grado de complejidad que se ponen de manifiesto ante la resolución de un problema.

Alfredo Gadino, docente, asigna el concepto de razonamiento a un pensamiento puramente cognitivo que se traduce en afirmaciones o proposiciones, con el objetivo de extraer una conclusión o un conocimiento. Plantea que siempre que razonamos pensamos pero cuando pensamos podemos imaginar, recordar.

En este artículo no se pretende profundizar en ninguna de las concepciones sobre el razonamiento que se investigaron, exponemos, no obstante, algunos aspectos muy generales sobre estas.  El razonamiento proposicional: Esta concepción parte de que los seres humanos se comunican mediante enunciados, cada uno de los cuales contiene una proposición que se define como   “la unidad mínima de significado sujeta a valor de verdad, es decir, que puede ser verdadera o falsa”. Dichas proposiciones están unidas por expresiones lingüísticas como por ejemplo “o”, “y”, “si…entonces…”, entre otros,  que se asocian a conectores lógicos. Para esta concepción la validez de las proposiciones, cualquiera fuese el contenido o contexto  del problema, estaría determinada por la estructura sintáctica de las mismas, analizada a través de las tablas de verdad.

El silogismo: Éste es una expresión lógica que incluye tres términos: dos premisas y una conclusión,  ésta se desprende necesariamente de las premisas. Obiols lo define como un razonamiento deductivo ya que es aquel que ofrece fundamentos concluyentes para aceptar la conclusión. La ventaja de este razonamiento es su exactitud: de dos premisas verdaderas, siguiendo el procedimiento adecuado, obtendremos una conclusión necesariamente verdadera.

El razonamiento sobre relaciones: Esta concepción refleja las situaciones en las que los seres humanos infieren la relación entre algunas entidades en función de otras que conocen previamente. Los problemas que establecen comparaciones entre elementos son un ejemplo donde se utiliza este razonamiento, por ejemplo la relación transitiva. Ángel Rivière analiza este tipo de razonamiento y plantea su carácter representacional. El razonamiento implica asignación de representaciones cada vez más profundas y alejadas del formato de la información estimular. Plantea  que cuando el individuo razona, se vale de distintas representaciones que pueden ser gráficos, redes, palabras, símbolos abstractos, expresiones concretas, analogías, etc., por lo que proyecta la información en dimensiones y formatos diferentes.

Teoría de los esquemas y reglas sensibles al contexto: Esta concepción considera que el proceso de razonamiento se basa en reglas que difieren en función del contexto del problema. Plantea la existencia en la mente humana de marcos o estructuras de referencia, en general visuales, que representan una situación estereotipada, por ejemplo, una situación de aula o de entrevista.

Teoría de los modelos mentales: Dicha concepción considera que el razonamiento surge de la manipulación de modelos en la mente sobre el significado de las situaciones planteadas, ya sean arbitrarias o de contextos conocidos. Por lo que este tipo de razonamiento estaría relacionado con las representaciones que realiza el sujeto sobre el problema que dependerá de cómo éste procesa la información recibida.

En síntesis estas concepciones dan cuenta de la complejidad del razonamiento y la destacan como una función fundamental del ser humano. En general las investigaciones realizadas por éstas se basan en las respuestas o comportamientos de las personas ante los problemas que se le plantean pero ninguna puede explicar claramente qué sucede en la mente cuando se resuelve un problema, ni logran precisar en forma  clara los conceptos de pensar, razonar, razonamiento y pensamiento.  Como veremos a continuación, la concepción logosófica tiene un enorme aporte para realizar en estos aspectos.

El razonamiento desde la concepción logosófica

Respecto a la disciplina logosófica y sin pretender entrar en todos sus variados campos de especialidad científica, podemos decir que la evolución consciente del hombre y el conocimiento de sí mismo son algunos de sus principales objetivos, así como el desarrollo y dominio profundo de las funciones de estudiar, de aprender, de enseñar, de pensar y de realizar, mediante del auxilio de los conocimientos que esta ciencia  aporta y de la aplicación del método logosófico.

Configuración psicológica: Las facultades mentales

En lo que refiere a la configuración psicológica del ser humano, Logosofía plantea la existencia de un sistema mental con una compleja organización y funcionamiento. Este sistema mental, está conformado por la inteligencia, que agrupa las distintas facultades mentales, tales como la de razonar, pensar, entender, observar, juzgar, recordar, imaginar, intuir, entre otras, que pueden ser continuamente desarrolladas por el individuo. Cabe la aclaración que dicho sistema mental corresponde a la psiquis humana, que si bien está sumamente relacionada con el cerebro, no se puede confundir con éste. Para esta concepción, el cerebro es, por decirlo de alguna forma, el asiento físico de ese componente de la psiquis humana y por ende tiene estrecha interrelación con éste.

Los pensamientos

Como parte de este sistema mental se encuentran los pensamientos, que juegan un papel decisivo en la conducción de la vida y el destino del hombre. Los pensamientos son, según la concepción logosófica, entidades psicológicas que pueden actuar al margen de la voluntad del ser. Ejercen ellos un rol preponderante en el funcionamiento de las mencionadas facultades de la inteligencia. Muchas veces ocurre que son justamente los pensamientos los que interfieren y traban el libre accionar de dichas facultades, impidiendo su correcto funcionamiento. Un ejemplo puede ser cuando creemos estar pensando o razonando y en realidad es un pensamiento preexistente el que se hace presente en nuestra mente.

Son ejemplos de pensamientos negativos las deficiencias como la vanidad, el egoísmo, el amor propio, entre otros, o prejuicios y creencias de cualquier especie que puedan enquistarse en la mente del ser. Puede observarse en un ser que, estando aquejado por la timidez deja de hacer o decir lo que quiere; o en el caso de un ser impulsivo que puede decir o hacer lo que luego lamenta, pues la actitud impuesta por la impulsividad no representaba su intención real. Estos ejemplos demuestran la capacidad  de los pensamientos de actuar en forma independiente del propio ser, de su propia voluntad. La dependencia de la moda y el temor al ridículo, son otro ejemplo de pensamientos negativos que no permiten que las facultades de pensar y razonar (entre otras) funcionen adecuadamente.

Además de estos ejemplos sencillos, pueden encontrarse innumerables situaciones en las que el individuo es dejado de lado y queda apartado del control real de lo que sucede en su mente, para pasar a ser manejado por estos u otros pensamientos autónomos, no dependientes de su voluntad.

La función consciente

Aunque los pensamientos puedan hacer que el ser actúe al margen de su voluntad, la Logosofía plantea la posibilidad de que ellos puedan responder a la propia determinación. Para discernir al respecto de una u otra situación  producida en el escenario mental, se hace necesario primeramente conocer lo que esta concepción llama el “principio consciente”. Este  consiste en el cultivo y desarrollo consciente de la capacidad de discernir (capacidad en la que la razón tiene un rol importantísimo) entre el accionar de un pensamiento (un prejuicio, una opinión ajena o una deficiencia por ejemplo) y la verdadera función de pensar.

La facultad de razonar

Específicamente en cuanto al razonamiento, esta concepción plantea que la razón es una facultad de la inteligencia por medio de la cual el hombre puede analizar y establecer comparaciones y juicios. González Pecotche expresa  que “Todos los seres humanos poseen una mente igual y las mismas facultades, de modo que todos gozan del privilegio de tener una razón.” Refiriéndose a la razón manifiesta que “…solo acciona en base a los conocimientos que se tengan. Es el conocimiento lo que le da vida…”  Por lo que la labor del psicopedagogo consistiría en generar experiencias donde el niño o adolescente incorpore conocimientos que enriquezcan su razón y le permitan entender y actuar con más confianza  y seguridad en el mundo que lo rodea.

Esta ciencia establece además una marcada diferencia entre razonar y pensar; ésta última tiene a su cargo una función esencial propia y específica: la elaboración de nuevos pensamientos, que nacen a raíz de un anhelo, una inquietud, una necesidad, un sentimiento, etc., entre otras funciones colaterales. La razón por su parte, tiene  como una de sus principales funciones la creación de juicios y el discernimiento, estando facultada para ejercer el gobierno central de la mente auxiliada por la conciencia individual.

La razón y los obstáculos en su desenvolvimiento

Existen numerosos elementos que pueden obstaculizar la razón, tales como el temor, los prejuicios, las deficiencias o defectos, así como otros pensamientos ajenos que ejercen presión sobre la razón individual inhabilitándola a actuar por si misma (propaganda, dogmas religiosos, ideologías, etc.). Dichos obstáculos pueden presentarse de forma general  o en algunos contextos particularmente susceptibles a esos elementos. Por ejemplo, una deficiencia que podría interferir con la razón es el egoísmo, que hace que el individuo deseche algunas reflexiones o juicios que le son “adversos”, aun cuando su origen y fundamentos sean legítimos.

En cuanto a los prejuicios, podemos citar como ejemplo los religiosos, ideológicos, intelectuales, o sencillamente las opiniones ajenas que se transforman en propias sin haber pasado por el tamiz de la observación y la razón, pudiendo alterar el curso normal y objetivo del razonamiento en el área donde influyen. En el ámbito educativo por ejemplo, pueden existir prejuicios que se crean por parte de los docentes sobre las características en general negativas del niño, que pueden terminar siendo un obstáculo o un impedimento que permita observar cambios en él, así como para acompañarlo con movimientos pedagógicos oportunos y ayudarlo a superar la eventual limitación o carencia. Por ejemplo si se tilda a un niño de “caprichoso” esa nominación queda como un “rótulo” que puede impedir ver cambios en su conducta y puede  hacer que el docente actúe e interprete todas las conductas bajo la lupa de ese prejuicio.  Puede hasta llegar a dejar al niño estancado en dicha situación por ser siempre tratado con la prevención de que responderá caprichosamente. Por lo que este prejuicio, que hace tendenciosa la observación del docente y obstaculiza su razón, en algunas ocasiones, puede ser en parte responsable de  una dificultad o limitación del niño.  La Logosofía plantea que la mente llena de prejuicios no puede descubrir conocimientos ya que sería como una mano cerrada que no puede tomar en sus palmas un tesoro.

En lo que respecta a las creencias, la historia de la humanidad ha demostrado que han frenado la investigación científica y la verdad misma. Según González Pecotche “…el hecho de creer, bien lo sabemos, produce cierto grado de inhibición mental que entorpece y  aun anula la función de razonar”. Cabe destacar que esta ciencia no exige que el ser humano elimine sin reflexión sus eventuales creencias sobre hechos, cosas o ideas, sino que lo invita a realizar un sereno y meditado examen de cotejo y confrontación, a la luz de los conocimientos logosóficos para realizar, por si mismo, los cambios que considere necesarios.

En lo que se refiere específicamente a los niños, los educadores podrían hacerse la siguiente pregunta: si es para el docente un objetivo primordial desarrollar el juicio crítico y reflexivo en los niños, ¿por qué se alimentan fantasías y creencias como las  del “Ratón Pérez”, “Reyes Magos”, etc.? ¿No se estará subestimando y obstaculizando la razón y  sensibilidad de esos niños? Recordamos como impactó en nuestra labor docente escuchar decir a una niña sumamente inteligente y que siempre realizaba preguntas para saber, manifestar con gran seguridad que “Papá Noel” existía. Al realizarle una pregunta con  el objeto de promover en ella una reflexión, hizo de cuenta que no escuchaba y cambió de tema.

Existen circunstancias en las que la razón, al igual que otras facultades de la inteligencia, actuando libremente en algún campo de la vida, no puede  actuar con libertad en aquellas áreas donde gravitan las obstrucciones anteriormente mencionadas como son los prejuicios, las  creencias, etc. Esta situación ha sido denominada con el neologismo logosófico de “psiqueálisis”,  la que es definida como “…la paralización de una  zona mental que altera la facultad de entender…”.

Para que esto no ocurra se debe evitar la mentira y el engaño hacia el niño, aún cuando a veces pueda parecer inofensivo, hay que recordar que las apariencias muchas veces engañan y que resulta difícil proyectar las limitaciones que una “inocente mentira” pueda provocar en la mente de un niño, máxime cuando se trata de cosas que han sido hechas por muchos siglos a la mayor parte de los seres. Podría considerarse, desde esta perspectiva, que uno de sus derechos, que no se menciona corrientemente, es el derecho a no ser engañado, es decir, el derecho a que se le diga la verdad de acuerdo a su capacidad de entendimiento.

Asimismo, los adultos utilizan en ocaciones frases como éstas: “Si te portas mal viene el policía y te lleva”, “mirá como te miran, qué vergüenza”  como recurso para modificar la conducta del niño, u otras frases que se presentan como una especie de amenaza, usando implícitamente el temor como supuesto recurso “pedagógico”, lo que evidentemente puede generar dificultades en los mecanismos de la mente y la razón misma.

Los adultos, sin mala intención, y  hasta con un propósito de bien, muchas veces recurren a estas tradiciones y fantasías, creyendo que propiciándolas en  el niño se estimulará la capacidad de crear.  La experiencia nos indica que el estímulo sistemático de éstas, más bien dificultan el discernimiento entre lo que es ficción y  lo que es realidad.

Algunos recursos logosóficos para estimular el razonamiento y otros procesos intelectivos

La pedagogía logosófica propone para el logro de estos objetivos, el afecto, la firmeza, y la razón, como recursos esenciales, en contraposición a la impostura, el temor y el dogma.  Respeta por ende la individualidad del niño y lo lleva a conectarse con su mundo interno a través de la observación de sí mismo.

Según la concepción logosófica, en el niño la facultad de razonar actúa en forma incipiente por su falta de experiencia y conocimientos para emitir juicios y porque los resortes de la inteligencia están aún en desarrollo. La imaginación usualmente se muestra  prominente por lo que no debe ser exacerbada con elementos que puedan obstaculizar el razonamiento del niño.  Esta debería ser conectada, en forma progresiva y natural a la realidad para distinguirla de la ficción.

El valor del ejemplo

Para cumplir con un objetivo de esta pedagogía, que es llevar al niño a experimentar los conceptos éticos y morales en la vida para producir cambios permanentes, el docente debe ser ejemplo de constante actividad interna. Revisando los conceptos que rigen su vida por medio de la razón y superarlos constantemente. En otras palabras, el docente debería constituirse en ejemplo del uso de su razón individual en todas las áreas de su vida, siendo además, especialmente importante que evidencie en su actuar coherencia con aquello que razona y siente. De esta forma el objetivo mencionado de realizar el llamado proceso de evolución consciente, cumple el doble cometido de beneficiar a quien lo realiza y a los demás.

El autor de Logosofía expresa que:  “Toda enseñanza moral no avalada con el ejemplo de quien la dicta obra en el alma del que la recibe en sentido contrario.”, afirmación que cada docente, ya sea en su rol de maestro o padre, puede verificar innumerables veces en la experiencia propia, por lo que se reafirma que en toda tarea docente que realice el ser humano, debería intentar constituirse en ejemplo de lo que transmite. Esto no implica ser ejemplo de perfección, sino de esfuerzo por lograr una superación continua.

La facultad de razonar y la sensibilidad

Según la concepción logosófica, la facultad de razonar está vinculada a los sentimientos, por lo que se debería preservar la sensibilidad de todo lo que pueda afectarla. Por ejemplo, ante imágenes agresivas o violentas, es oportuno reflexionar sobre éstas, estimular su razonamiento buscando una explicación para que el niño no se sugestione ni sienta temor. El temor es uno de los agentes más obstructivos de la mente, y en particular de la razón; un niño inhibido y atemorizado, se torna dubitativo e inseguro, mermando y aún afectando severamente la motivación a usar la razón. Es responsabilidad, primordialmente de padres y docentes, exponer al niño a ambientes que lesionen su sensibilidad.

La orientación y explicación

El temor, como trasmitíamos, es uno de los agentes que más dañan la integridad moral e intelectual del niño. Si utilizamos frases como  “qué van a decir…” o “si te portas mal…”, el niño dejará de hacer algo por temor al ridículo o a recibir un castigo. Lo aconsejable sería entonces elaborar o ayudarlo a elaborar una  explicación  lógica  que fundamente la conducta acertada.

El objetivo principal es que el niño tenga manifestaciones acertadas por él mismo, por propia convicción y no por la sanción que va a recibir de los otros, sean adultos o pares. De este modo su comportamiento será el mismo en ausencia o presencia de éstos.  Un recurso sería mostrarle las consecuencias y proyecciones de una conducta negativa o positiva tanto para él como para los otros.

La corrección debe tener el objetivo de que el niño aprenda y comprenda por qué debe comportarse bien y no que lo haga por temor al castigo, al “qué dirán” o a la burla de los otros.  Esta pedagogía  plantea  que cuando se corrige a un niño, debe ser  con discreción, en privado, para lograr mayor penetración y comprensión de lo que se le dice o explica y para evitar el uso del temor al ridículo como recurso.

El relato y la analogía

El relato o cuento brindan la posibilidad de que el niño se represente   situaciones y razone sobre ellas, identificando causas y proyectando consecuencias.  Los cuentos deben ser constructivos, llevar a pensar, a preguntarse aspectos de la realidad, promover la observación interna y que el niño saque sus propias conclusiones.

Dentro de los relatos y cuentos, muchas veces surgen de forma más o menos evidente, relaciones de semejanza entre algún personaje o situación vivida y algún aspecto de especial relevancia de la vida del niño. De este modo queda establecida la analogía como estrategia que puede utilizarse en relatos y cuentos o también de forma independiente para estimular o facilitar la comprensión y el razonamiento del niño.

La analogía es un “razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes” y facilita la comprensión y asimilación de conceptos. Ésta posibilita llevar la razón a diversas áreas de la vida, por ejemplo, hacer la analogía del cultivo de una amistad con el cuidado de una planta; un aspecto podría ser que así como la planta necesita luz y  agua para vivir, la amistad necesita respeto y afecto. Otro ejemplo podría ser el que se expone en la historia animada de “Donald en el país de las matemáticas”, donde se compara la mente humana con una habitación que puede estar ordenada o no y cuanto más ordenada se aprende mejor.

En el área curricular, la analogía cobra un poder también relevante para estimular y facilitar el razonamiento en el niño. Por ejemplo, para explicar cómo puede ser que el movimiento de la tierra sea el causante de que el sol surque todo el cielo. Se le plantea la situación análoga de estar él viajando en un coche a velocidad constante en la ruta, donde su percepción dentro del auto es que todo está quieto, pero si mira por la ventana puede tener la percepción de que los árboles al lado de la ruta se mueven hacia atrás; dicha percepción es debido al movimiento relativo que tiene el auto.

Cabe la advertencia de que la analogía debe ser cuidadosamente seleccionada para que no produzca razonamientos erróneos, es decir,  simplifique en exceso la realidad, la haga más compleja o dificulte luego la capacidad de abstracción de un concepto.

El arte de responder

En el artículo “Preguntas difíciles, respuestas inteligentes” se plantea la necesidad de ser conscientes sobre las respuestas que se da a los niños ante sus preguntas para asegurar que les sean siempre útiles y que no les terminen generando circunstancias negativas. Sintéticamente, cabe referir algunas características que se sugiere en dicho artículo deben tener las respuestas a las preguntas de los niños: ser adecuadas a la edad del niño, responder a sus verdaderas necesidades de saber, no ser eludidas por “tabú” ni ser contestadas produciendo sobre-exposición, enriquecer el acervo conceptual, conectarlo con la realidad fundamentalmente en su faz positiva y estimulante, ser útiles, permitir la libre y sana manifestación de la sensibilidad del niño.

El arte de preguntar: la pregunta y repregunta

La pedagogía logosófica, a su vez, plantea como uno de sus recursos predilectos para estimular el razonamiento y otros procesos de la inteligencia, a la pregunta y la repregunta en los diálogos. La pregunta realizada con el objetivo de movilizar la razón y el entendimiento, debe ser específicamente elaborada para ese fin. En alguna medida se debe buscar que provoque cierta expectación en quien la recibe, para propiciar que el niño, en la búsqueda de una solución, utilice  la razón por sí mismo.

La repregunta puede tener el objetivo de conocer el origen o la intención  de la pregunta realizada por el niño: si es hecha al azar, por curiosidad, o fue producto de un razonamiento. Esto permite detectar la verdadera interrogante que encierra su pregunta. Por ejemplo, si un niño nos pregunta ¿qué es el destino?, con una repregunta del tipo ¿por qué me lo preguntas? o ¿qué es para ti? podremos saber a qué se está refiriendo. Tal vez la pregunta del niño no obedezca a una inquietud  trascendente como pueda suponer el adulto sino que haya surgido de observar  el cartel indicador de la localidad a la que se dirige un ómnibus.

Otro objetivo relevante de la repregunta es estimular la búsqueda de la respuesta de forma activa en el niño, en lugar de facilitarle una respuesta sin intervención de su razón. Esto lo señala González Pecotche al decir “¿Qué mérito tendría para el que investiga hallar las respuestas precisas, si en ello no ha intervenido su juicio o discernimiento? Ninguno, en verdad. Estéril sería sembrar en la tierra incultivada; no así en tierra trabajada y preparada convenientemente para recibir la simiente que, en forma de respuesta, germinará vigorosa y lozana en el entendimiento.”

Comentarios finales

En definitiva la Logosofía plantea a los docentes (que potencialmente lo somos todos, si no como maestros o profesores, como padres, tíos o amigos) innumerables recursos pedagógicos dirigidos al propio adulto para orientarlo en el proceso de evolución consciente que le invita y enseña a realizar, así como otra gran cantidad de elementos destinados específicamente a la niñez.

La mayor parte de los recursos dirigidos a quienes aspiran realizar el proceso de evolución consciente, una vez practicados, vividos y comprendidos por el ser, podrán ser trasladados debidamente a educandos de diversa índole y edades una vez pasados por la adaptación requerida a las distintas situaciones, teniendo ya la experiencia docente de habérselos aplicado a sí mismo, logrando así el aval moral y técnico necesario para ejercer esa docencia en los demás. He aquí una de las respuestas al gran  cuestionamiento de los educadores sobre el por qué de los evidentes fracasos de la supuesta “educación en valores”, enunciado que tan de moda se encuentra en el ámbito educativo, siendo uno de los principales elementos faltantes, que el docente mismo sea el primer cultor real de dichos valores…